Fecha: 2026-05-11T00:00

+ Opinión
Hay ciudades dignas de ser visitadas por su historia, cultura, tradiciones y gastronomía como San Andrés y San Pedro Cholula.
También hay ciudades, que además de todas estas características, están preparadas para recibir al turismo como se lo merece, y sobre todo, despertar el deseo inmediato de regresar, no solo una, sino muchas veces.
Esa es la diferencia.
A un año que el Tianguis Turístico 2027 traiga a Puebla a cientos de especialistas en el negocio del traslado, hospedaje y servicios a millones de viajeros es imprescindible demostrar que San Andrés y San Pedro Cholula están preparados para satisfacer estas experiencias.
No hay que olvidar que en un mes también llegarán miles de visitantes por el campeonato mundial de fútbol y que el flujo de paseantes aumentará por la inminente reapertura del túnel de la gran pirámide.
Sin embargo, parecer que seguimos atrapados en una costumbre muy nuestra: preocuparnos mucho por la fiesta y muy poco por arreglar la casa antes de que lleguen los invitados.
En San Andrés y San Pedro Cholula sabemos organizar festivales, conciertos, ferias gastronómicas y celebraciones culturales. Y qué bueno.
Las autoridades municipales han entendido que el turismo mueve la economía, genera empleos y coloca a nuestras ciudades en el mapa nacional e internacional. Ahí están los esfuerzos por impulsar actividades artísticas y culturales cada temporada.
Todo eso suma. Todo eso atrae visitantes.
Pero una pregunta se escucha con frecuencia: ¿estamos realmente preparados para recibir a más gente?
Porque una cosa es que Cholula sea bonita para la fotografía y otra muy distinta es que sea cómoda para caminarla, recorrerla y vivirla durante varios días.

Quien todos los días transita por las calles de San Pedro y San Andrés sabe perfectamente que ambas ciudades tienen enormes virtudes, pero también problemas que desde hace años se han ido normalizando: banquetas rotas, registros abiertos, cables colgando como telarañas urbanas, anuncios comerciales desproporcionados que no respetan los reglamentos de imagen urbana, falta de señalética, usencia de basureros y exceso de comercio informal.
Aquí entra la contradicción: queremos turismo de primer nivel, pero nuestra infraestructura no está a la altura. Eso es evidente.
El visitante se maravilla con la gran pirámide y el santuario de la Virgen de los Remedios, disfruta de un café bajo el mítico portal y frente a la Plaza de la Concordia, se asombra con la arquitectura de las iglesias de San Francisco Acatepec y Santa María Tonantzintla. Solo por dar un ejemplo.
Pero, también se lleva la experiencia de caminar sobre adoquines flojos, banquetas sucias con olor a tamales o tacos, cables colgantes que parecen trampas y puestos ambulantes que convierten en un laberinto los alrededores de la zona arqueológica, en donde parece que el peatón es lo menos importante.
No se trata de criticar por criticar. Mucho menos de descalificar.
Cholula es uno de los lugares más hermosos y vivos del país. Por eso preocupa que nos hayamos acostumbrado a convivir con el desorden.
Basta recorrer las calles del centro para encontrar verdaderas joyas arquitectónicas cubiertas por anuncios que nada tienen que ver con el entorno, lonas fluorescentes o fachadas pintadas con colores injustificados.
En una ciudad con nombramientos, reglamentos y declaratorias de protección patrimonial, eso no debería pasar.
Nadie está proponiendo restringir todo en Cholula. Se trata de entender que el atractivo principal de nuestras ciudades está precisamente en su identidad visual, en su historia y en su armonía urbana.
Cuando eso se pierde, en la misma medida el turismo pierde interés, apresura su partida y descarta regresar.
Falta un año para que Cholula sea uno de los puntos que recorrerán los participantes del Tianguis Turístico 2027, el evento más importante del sector en México, sede lograda por el gobierno estatal después de su destacada intervención en la edición de este año en Acapulco.
Y, mientras otras ciudades afinan detalles urbanos, aquí seguimos debatiendo cosas tan básicas como instalar suficientes basureros en las esquinas, asegurar suficientes espacios de estacionamiento, poner en marcha una estrategia para agilizar el tránsito de vehículos, o liberar banquetas para que puedan caminar personas con discapacidad, adultos mayores o familias con carriolas.
Parece increíble que en ciudades que reciben miles de visitantes cada fin de semana todavía haya dificultad para encontrar un simple bote para la basura.
Tampoco ayuda el crecimiento descontrolado del comercio informal, porque una cosa es apoyar a quienes necesitan trabajar y otra muy distinta permitir que el espacio público termine completamente saturado. El visitante viene a recorrer cómodamente Cholula, no a evadir obstáculos urbanos.
Y qué decir de la señalética. Hay turistas que terminan orientándose por intuición. Muchos se pierden buscando el mercado, sufren para llegar al museo o se agotan encontrando baños públicos o estacionamientos.
Eso, no debería ocurrir en pleno 2026, menos si se aspira a ser un destino turístico de relevancia.
Lo paradójico es que muchas soluciones no requieren inversiones millonarias. A veces bastaría con orden, mantenimiento y voluntad constante. Pintar pasos peatonales, reparar banquetas, homologar anuncios comerciales, mejorar iluminación, vigilar el ambulantaje, colocar señalización clara y mantener limpias las calles no son proyectos futuristas, sino hacer respetar los reglamentos. Son obligaciones básicas de cualquier ciudad que aspira a recibir turismo de calidad.
Porque el turismo moderno no busca solamente lugares bonitos. Busca experiencias completas, y si son satisfactorias, mejor.
El visitante quiere sentirse seguro, orientado y cómodo. Quiere caminar sin miedo a tropezarse, encontrar espacios limpios, disfrutar la arquitectura y sentir que la ciudad está pensada también para el peatón y no únicamente para los automóviles o para la improvisación.
Y, si Cholula quiere que el turismo realmente beneficie a la economía local, necesita lograr que la gente permanezca aquí más tiempo. No basta con recibir visitantes que llegan por unas horas, se toman la foto y se marchan antes del anochecer. Lo verdaderamente valioso es conseguir que los turistas se hospeden, consuman en restaurantes, visiten museos, regresen al siguiente fin de semana y recomienden el destino.
Eso no se logra solamente con festivales espectaculares o conciertos masivos.
Se logra creando ciudades agradables para vivir y caminar.
Al final el turista nota todo. Nota la solemnidad y belleza de nuestras iglesias, sí, pero también la basura acumulada detrás del poste. Nota el encanto de los edificios antiguos, pero también los anuncios desordenados que rompen completamente la imagen urbana. Nota la riqueza cultural, aunque también perciben la falta de planeación e improvisación.
San Andrés y San Pedro Cholula tienen una oportunidad importante frente al Tianguis Turístico 2027. Pocas ciudades en México cuentan con tanta riqueza cultural, gastronómica e histórica concentrada en un mismo lugar. Por eso, el reto es mayor.
Ya no basta con presumir lo que tenemos. Ahora toca cuidar cómo lo mostramos.
Una ciudad atractiva para el turismo no se promueve solamente con eventos. Se construye con orden, limpieza, movilidad, respeto al patrimonio y atención permanente a los detalles cotidianos.
Todavía estamos a tiempo de llegar bien preparados al 2027. El reloj empezó la cuenta regresiva.
Y como ocurre en todas las casas mexicanas antes de una gran visita, quizá sea momento que los anfitriones empiecen por arreglar lo verdaderamente importante para que los huéspedes se sientan a gusto y regresen siempre.